https://www.facebook.com/share/v/19o7wF286E/
Restaurante El Altar de Nuestro Corazón
En las Escrituras, los altares eran lugares de encuentro con Dios. Eran construcciones de piedras donde se ofrecían sacrificios y se establecía una comunión sagrada. Pero a lo largo de la historia bíblica, a menudo vemos que estos altares se derribaban, se descuidaban o se contaminaban. La necesidad de restaurarlos era un llamado a volver al primer amor, a la adoración genuina ya una relación renovada con Dios.
Hoy en día, nuestro altar no es de piedra y fuego, sino de tiempo, prioridades y devoción en nuestro corazón. Y al igual que los altares antiguos, el nuestro también puede caer en desuso o ser derribado. El ajetreo diario, las distracciones, el pecado y la falta de disciplina pueden llenar nuestro «altar» de escombros, dejándolo en ruinas.
La historia del profeta Elías en 1 Reyes 18 nos ofrece una lección poderosa sobre la restauración. Cuando confrontó a los profetas de Baal, el primer paso que dio no fue hacer llover fuego, sino restaurar lo que estaba roto. «Y reedificó el altar de Jehová que se había derribado» (1 Reyes 18:30). Elías tomó doce piedras, una por cada tribu de Israel, y reconstruyó el altar. Luego, preparó el sacrificio y lo empapó de agua, haciendo que la restauración no fuera solo simbólica, sino una muestra de fe inquebrantable.
¿Qué significa esto para nosotros?
- Identifica los escombros: El primer paso para restaurar nuestro altar es reconocer lo que lo ha derribado. ¿Hemos descuidado nuestro tiempo a solas con Dios? ¿Se han vuelto las preocupaciones del mundo más importantes que nuestra comunión con Él? ¿Hay pecados sin confesar que han roto nuestra conexión? La restauración comienza con un autoexamen honesto.
- Vuelve a los fundamentos: Elías usó doce piedras, simbolizando la unidad de Israel. Para nosotros, esto significa volver a los fundamentos de nuestra fe: la oración, la lectura de la Palabra, la adoración y la obediencia. Reconstruir el altar es una acción intencional. No se restaurante por sí solo.
- Ofrece el sacrificio: La lección de Elías nos enseña que el fuego de Dios no cayó hasta que el sacrificio estuvo listo. Nuestro sacrificio hoy puede ser nuestra voluntad, nuestro tiempo, nuestros deseos. Es una ofrenda de corazón que dice: «Señor, aquí estoy de nuevo. Te doy todo lo que soy».
Cuando Elías terminó de restaurar el altar, oró, y el fuego de Dios descendió con poder, consumiendo no solo el sacrificio, sino también las piedras, el agua y el polvo. El milagro no fue el fuego, sino lo que el fuego representó: la validación y el poder de Dios sobre un altar restaurado.
El llamado a restaurar nuestro altar no es una carga, sino una invitación a volver a la plenitud de nuestra relación con Dios. Al igual que con Elías, cuando hacemos nuestra parte de reconstrucción, podemos confiar en que Dios hará la Suya, enviando Su Espíritu para avivar el fuego en nuestros corazones.
Oración:
Padre celestial, gracias por llamarnos a la restauración. Ayúdanos a examinar los escombros en el altar de nuestros corazones. Danos la fuerza y la humildad para reconstruirlo con fe y obediencia. Aviva el fuego de tu Espíritu en nosotros para que nuestra adoración sea genuina y nuestra comunión contigo sea cada día más profunda. En el nombre de Jesús, amén.



